De Brasil para el mundo

Destacadas marcas internacionales de calzado eligen Brasil para producir zapatos con los más altos estándares de calidad, son exitosos mundialmente y deleitan los pies de las celebridades

2022-03-21 | Por Sylvain Justum

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Entre los países de Occidente, Brasil es el mayor productor de calzado. En la última década ocupó el tercer lugar en el ranking mundial y, en 2021, alcanzó los 811 millones de pares. Tradicionalmente, la región sur del país ha sido el principal productor de calzado de cuero y sus exportaciones representan aproximadamente dos tercios de las exportaciones nacionales. Seguidamente vienen las regiones Sureste y Noreste, que representaron cada una el 18% de los pares exportados en 2021. El año pasado, casi el 20% de las exportaciones brasileñas de calzado, de todos los segmentos y estados, fueron de private label. La calidad de la mano de obra, de la materia prima y la buena estructura de fabricación, a menudo se mencionan como atributos de la industria en comparación con otros productores del mundo.

Estas son algunas de las razones por las cuales marcas establecidas en otros países prefieren Brasil para fabricar calzados para exigentes usuarios desde Japón hasta Hollywood  y también para estrellas del showbiz brasileño acostumbradas al diseño y la calidad. Anitta, Iza y Bruna Marquezine, por ejemplo, son fans de los tacones altos, decorados y muy femeninos de Sophia Webster, una creadora británica que produce en Brasil desde el lanzamiento de su marca homónima hace 10 años. "Brasil compite fácilmente en tradición, habilidad en la manufactura y la cantidad mínima de encargos (MOQ), sin mencionar la extraordinaria actitud propositiva”, dice Sophia. Los diseñadores brasileños residentes en el exterior también apuestan en la calidad y competitividad de la industria nacional del calzado para desarrollar productos que deleiten al planeta. Es el caso del dúo Marina y Ricardo Larroudé, al frente de Larroudé, lanzada en Nueva York en diciembre de 2020, y Diego Vanassibara, oriundo de Caxias do Sul y residente en el Reino Unido desde hace 16 años. 

 

Diego abrió Vanassibara en el 2013 y cambió la fabricación en Italia por el Valle de Rio dos Sinos, en el estado de Rio Grande do Sul, para tener más control sobre el cronograma de lanzamiento y ajustar los costos. "Siempre me quedaba al final de la fila de la producción en Italia porque el calendario nos perjudicaba. Nuestro timing de entrega no era una prioridad para las fábricas frente a otras marcas europeas, el cronograma de las tiendas comenzó a anticiparse demasiado y la industria no consiguió seguir los cambios en el comercio minorista", dice Diego, quien, después de casi 15 años en Londres, actualmente dirige su negocio desde Glasgow, Escocia. El puente aéreo entre el Reino Unido y el sur de Brasil, además de acabar con la nostalgia, sirvió para que Diego se diera cuenta de que podía cambiar el lugar donde producía sus zapatos sin perder calidad, y de paso, eliminar los costos de intermediaciòn  que encarecen su producto en Italia y en las tiendas multimarcas físicas de París a Tokio. "Puedo hacer la parte artesanal, que requiere experiencia en lo hecho a mano con calidad y menor costo en la mano de obra que en Italia, donde cada vez es más escasa". La transferencia de producción vino acompañada de una reformulación del modelo de negocio de Vanassibara, que creció digitalmente y hoy vende mucho más directamente a su cliente. 

 

Diego, que comenzó enfocado en el calzado de hombre, hoy no se preocupa por el género a la hora de crear y adaptó el producto a la materia prima disponible localmente. "Mi fuerte es el diseño; el resto es perfectamente flexible", dice, quien incorporó la piel de oveja a su repertorio. Otros puntos positivos en el cambio: la comodidad y calidad de los herrajes utilizados en el calzado. "Mis zapatos hoy son menos estructurados y se han vuelto mucho más cómodos produciéndolos en Brasil. Los metales brasileños, tal vez porque también se usan en beachwear, no se oxidan. Nunca he tenido ningún problema. "Diego hace calzado atemporal, pensado para durar, prefiere producir menos y mejor, incluso como filosofía sostenible". Para mí, uno de los mayores actos de sostenibilidad y preservación tiene que ver con la preocupación por la durabilidad y el número de veces que usamos un producto. Por ejemplo, cuando un zapato está hecho a mano y tiene la calidad suficiente para usarse durante muchos años, compensa el esfuerzo y los recursos naturales de su producción. La actual cultura del 'tirar', de lo desechable, es dañina."

 

"Mis zapatos hoy son menos estructurados y se han vuelto mucho más cómodos produciéndolos en Brasil. Los metales brasileños, tal vez porque también se usan en beachwear, no se oxidan. Nunca he tenido ningún problema."
Diego Vanassibara

Viviendo en Nueva York durante casi 20 años, Marina y Ricardo Larroudé también renunciaron a experiencias en Italia para elegir la región de Sapiranga, en el mismo Valle del Río de las Campanas, como el tentáculo brasileño de la marca que lanzaron como startup hace menos de dos años. Además de concentrar la producción en el sur del país y disfrutar de la calidad de la mano de obra local, montaron un centro de diseño allí e incluso realizaron photoshoots para el material visual de Larroudé en suelo brasileño. Hay 12 personas trabajando directamente con ellos y 25 si contamos a los freelancers. "Los profesionales en Brasil están capacitados para servir al mercado extranjero. Todo el mundo habla inglés y el producto ofrecido es de un nivel impresionantemente bueno, con calidad internacional", dice Marina, quien ya fue editora de la revista estadounidense Teen Vogue y compradora de los grandes almacenes Barney's. "Lloré cuando recibí el primer zapato de Larroudé porque no tenía idea de que podíamos tener esa calidad. No conocía el potencial brasileño, y mira que nos propusimos trabajar con el más alto grado de materiales y fabricación".

Larroudé es hoy la marca de producción brasileña que más vende fuera del país y ya ha conquistado a artistas como Gwyneth Paltrow, Drew Barrymore y Mary J.Blidge, además de la actual primera dama de Estados Unidos, Jill Biden. ¿El secreto? Ofrecer un producto de la más alta calidad a un precio asequible en comparación con la mayoría de las marcas high end, que operan en el mismo nicho. "Nuestra cliente puede comprar hasta tres pares con nosotros por el precio de uno de una marca de lujo tradicional", dice Marina. La ecuación solo es posible porque, al igual que Vanassibara, Marina y Ricardo recortan costos en los procesos. "El número de intermediarios en la cadena del calzado es grande, hay muchos agentes y, cuando construimos el núcleo en Brasil, junto a las fábricas, también ganamos en agilidad", dice Ricardo.

"Lloré cuando recibí el primer zapato de Larroudé porque no tenía idea de que podíamos tener esa calidad. No conocía el potencial brasileño, y mira que nos propusimos trabajar con el más alto grado de materiales y fabricación".
Marina Larroudé

Larroudé nace como una marca centrada en lo digital, está presente en los principales whole sellers americanos - como Nordstrom, Saks y Anthropology - y se prepara para exponer físicamente su calzado en Europa. "Queremos estar en un buen punto en Europa para expandirnos globalmente y, en el futuro, entrar también en el mercado asiático", planea Ricardo. El resultado de este éxito es un gran aumento en el repertorio de modelos y, en consecuencia, de la producción, absorbida eficazmente por las fábricas brasileñas. La gama de opciones de Larroudé abarca desde mules de medio tacón hasta tacones finos y festivos, pasando por cómodas sandalias flats, como la desarrollada en colaboración con Melissa, lanzada en diciembre de 2021 y que está sold out. La colaboración más reciente de la marca es con Oscar de la Renta, una sandalia vendida por $ 650. No es por nada que el prestigioso portal de moda estadounidense WWD llama a Larroudé "la Warby Parker de los zapatos de lujo asequibles", aludiendo a la startup estadounidense de gafas  que ha abaratado sus productos sin renunciar a la excelencia en diseño y materiales y que hoy es una marca valorada en 6.000 millones de dólares.

El modelo de Larroudé es similar al de Sophia Webster, quien creó su label en 2012 y desde entonces ha producido zapatos de lujo, de espíritu colorido y precio asequible en Brasil. "Cuando lancé la marca, vi una gran brecha para el tipo de producto que quería hacer. En ese momento el mercado estaba tomado por una moda bastante seria y, para los zapatos de tacón alto para mujeres, las opciones eran modelos de lujo dolorosamente caros o más baratos pero poco creativos. Miré hacia la Unión Europea, China y Brasil para lanzar mi negocio. Brasil surgió claramente como la mejor opción: allí tenía una maravillosa tradición en la fabricación de calzado y una experiencia que podía traducir la emoción de mis diseños a la realidad, pero además, había una gran distribución en los Estados Unidos, el mercado que se convertiría en nuestro mayor mercado", recuerda la británica ganadora de los British Fashion Awards en el  2013. Cuando visitó Brasil por primera vez para ver la fábrica, Sophia se enamoró de la vitalidad de la cultura brasileña. "La gente que conocí fue muy cálida y acogedora. ¡Su actitud hacia todos los desafíos que propuse fue muy positiva! Hasta el día de hoy son muy receptivos a probar cosas nuevas y superar los límites", elogia. Al igual que Larroudé y Diego Vanassibara, Sophia también produce sus zapatos nada obvios en la región del Valle del Rio dos Sinos.

Quien sigue el trabajo de Sophia, sabe que los tratamientos de color y acabados son muy importantes en sus productos. Su proveedor brasileño accedió a dejarle definir colores específicos de cuero y pedir tantos como quisiera, a diferencia de otros países productores tradicionales, donde es necesario adaptarse a lo que está disponible, sin mucho margen de maniobra. "En China también habría sido imposible, debido a los requisitos de MOQ. Tener control sobre los colores me permitió contar mis historias exactamente como quería contarlas. Mi proveedor también aceptó el reto de combinar diversas técnicas como la serigrafía, la impresión digital, el bordado y el hotfix. Esta riqueza de texturas es muy importante para el ADN de mi marca y también facilita la identificación de las falsificaciones de mis zapatos. Nunca antes habían hecho algo así, pero los convencí de que trataran de trabajar con sus fortalezas". Para Sophia, es perfectamente posible trabajar de forma remota con Brasil, aunque, en proyectos más rebuscados, ella y su equipo siguen más de cerca las fábricas en el desarrollo y la ejecución. "En esta era de la comunicación, el mundo se ha convertido en un lugar mucho más pequeño y compartir ideas y habilidades con un proveedor a miles de kilómetros de distancia es totalmente factible".

"Brasil surgió claramente como la mejor opción: allí tenía una maravillosa tradición en la fabricación de calzado y una experiencia que podía traducir la emoción de mis diseños a la realidad"
Sophia Webster